Vencí.

Hay días en que todo lo que quieres está en la punta de tus dedos, y sólo si vences el miedo podrás llegar a tocarlo.

El problema llega cuando el miedo te puede, si las ganas que tienes de alcanzar la meta son enormes, pero sigue sin ser suficiente pese a ser increíble.

El problema llega si no puedo probar tus labios a pesar de las ganas locas que tiene mi mano de acariciar tu nuca.

El problema llega si mi mayor miedo es no tenerte cerca, y esa es la pena a pagar si todo sale mal.

Y a pesar de todo me fío de ti, de que volverás a llamar a la puerta si se nos cierra en la cara. Que te levantarás con más ganas si nos caemos juntos.

Me fío y confío, si algún día después de una pelea volvemos con los brazos abiertos porque no podemos estar lejos.

Y sé que me secarás las lágrimas aunque sea sin tocarme siempre que llore en tus brazos.

Y me fío de ti.

Porque sigues ahí, a pesar de todo, y necesito vencer al miedo, y dejar los ” y si..?” a un lado, que todo salga bien, y sentir que he ganado, aunque sé que ya he vencido por tenerte aquí a mi lado.

El miedo se esfuma, has llegado.

Y no tengo miedo a perder el tiempo contigo, porque sé que vale la pena.

Porque leí que lo que queda al final es el tiempo que pasamos con alguien, y yo quiero que quede nuestro tiempo, ya sea un suspiro o un “te quiero” eterno.

Me he quedado por tus ojeras, por tus manías… Me quedo por lo que hemos pasado, pero sobretodo por nuestra oportunidad.

Porque has llegado, y es la razón para seguir que a mi me sirve.

Clemencia.

Hoy he despertado a la vida, suplicando clemencia…

Clemencia corazón, porque los sentimientos que me abordan no pueden ir a tu ritmo. Va a contracorriente y en el primer compás quiere superarme sin saber que sólo le hará ir más deprisa, sin darse cuenta de lo que está viviendo.

No puedo tampoco ponerme de acuerdo con mi mente, porque ella también influye en esto. Se ha puesto en huelga por saturación, y no sé en qué lugar se han quedado mis ideas o reflexiones, pero siguen doliendo. Por ello con tinta de dolor escribo esto hoy.

Clemencia a mis piernas porque no puedo correr más, me he dado cuenta de que huyo, y ya está bien, vaya donde vaya me van a seguir mis miedos. Sigo encadenada de raíces y no tengo tantas fuerzas.

Clemencia a mis dedos que se empeñan en acariciar mejillas que no son las tuyas en busca de recuerdos, ilusos ellos que no asumen que te fuiste.

Clemencia al otoño que aunque es dulce, me recuerda ya a tu voz, a tus ojos, a tu olor…  A inicios, pero al final también…

Clemencia a mis ojos que siguen fijos en el horizonte por si vuelve aquella embarcación que construimos con ilusión e inocencia, cargada de nuevas expectativas e historias por vivir.

Clemencia a quien me envuelve porque sus brazos nunca serán los tuyos. Y nunca será mía ya la seguridad que me brindabas. Y ahora pido clemencia.

Clemencia a quien te cuida, porque no logro entender si te quiere mejor que yo.

Clemencia a mis lágrimas, que recorren mis letras sin saber que no pueden cesar antes de ahogarme en un mar de anhelos.

Clemencia, pido clemencia porque te fuiste, y no me llevaste contigo.

Pido clemencia porque te añoro, consciente de que ya eres incapaz de girarte y dar una única explicación.

Y pido clemencia al silencio, porque es él quien más me hace recordarte.

Cómplices.

Somos cómplices, cómplices en un mundo contradictorio, un mundo con tantas etiquetas que es imposible etiquetarlo. Somos cómplices porque nos quedamos mirando cuando nos engañan, cuando algo “no va con nosotros” aunque sea la mayor injusticia que hemos visto. Incluso somos capaces de insultar a una persona con una palabra despectiva que no nos gusta, por el simple hecho de que es lo que la sociedad dicta. Y somos cómplices porque seguimos la corriente la gente que nos envuelve.

Y cuando alguien se sale del plan acordado, se le trata de loco, se le hace sentir mal  o raro, pero no lo es. Llamamos “raro” a lo “diferente”, y solemos confundir términos como este, solemos etiquetar y engañarnos.

Por ello, una misma palabra al final acaba teniendo la definición que cada persona crea en su interior, y por eso es difícil explicarse, por eso nunca sabemos cómo expresar sentimientos, por eso nos quedamos mudos ante la adversidad. Y por eso, por eso también somos cómplices. Porque sufrimos con nuestras propias palabras pero tampoco hacemos nada.

Somos cómplices de quien nos trata de “raros”, porque nos lo terminamos creyendo, eso los hace sentirse iguales al resto, y eso, por alguna extraña razón les da el poder para seguir haciéndolo.

Y somos cómplices también si queremos a quien no nos quiere, somos cómplices de nuestra propia ruina, aunque necesario es amar, es doloroso.

Por ello, somos…

Somos cómplices.

Somos cómplices por etiquetarnos en un único ámbito, por sentir y escuchar, somos cómplices como un niño que mira desde el patio del colegio cómo a alguno de sus compañeros le pegan por algo que él sabe que no ha hecho y presa de la indiferencia y el miedo, no hace nada. Somos cómplices como alguien que deja escapar a alguien que debe cumplir condena. Somos cómplices de nuestra propia tristeza si nos ponemos música triste por mucho que lo necesitemos.

Somos…

Somos cómplices.

Vidas capturadas.

Sentí pena, pena de ver que no apreciamos las cosas bonitas, que no miramos con los ojos sino a través de una cámara que no tiene ni la mitad de píxeles que nuestros ojos.

Nos hemos acostumbrado a pensar que la mayor parte de nuestra vida está en un dispositivo electrónico, y lo está. Pero no hacemos nada para impedir que sólo esté ahí hasta el punto de que no haya nada si no tenemos nuestro móvil, nuestro ordenador o nuestra cámara.

Nunca será lo mismo observar el cielo una noche de fuegos artificiales que verlo a través de una pantalla… Sentir las ganas y la emoción de los niños pequeños que se asombran con cada explosión de luz y color, ver las estrellas de fondo que una lente no aprecia, sentir los sonidos de la gente y del aire que te envuelve… Todas esas cosas que un móvil no puede captar tal cuál lo puedes sentir en el momento…

Y lo peor es que quien tiene la oportunidad de vivir todo eso, envolverse con tantas sensaciones, tampoco lo vive, porque tiene que procurar que su dispositivo, sea el que sea, plasme bien el espectáculo. Pero no nos damos cuenta de que hay cada vez más pantallas y menos miradas interesadas en algo. Cada vez más vídeos, y menos personas contándoles a hijos/nietos/niños las historias que han vivido.

Siento pena cuando me doy cuenta de que nos han capturado la vida, y ahora parece que las máquinas seamos nosotros.

Puede que algún día sea un microchip el que nos marque qué pensar, un LED el que nos indique que “nos acabamos de enamorar”, o un teclado el que marque qué tenemos que decir en cada momento. Y entonces habremos perdido la gracia, dejaremos de ser humanos para ser máquinas.

Y dará pena, porque no habrá nada que nos haga ilusión, no habrá nada que podamos decidir, y seremos títeres de quien nos controle… Y eso ya está pasando.

Y da pena.

Enamorarse de atardeceres y suspirar por alguien.

Hablar del amor es complicado. He llegado a la conclusión de que la gracia de los sentimientos es que nunca llegas a expresarlos con exactitud, es algo así como imposible. He llegado a la conclusión de que más allá de la cantidad de tipos de amor que hay, hay una cantidad aún mayor de formas de expresarlo. Hay seguramente mil formas de enamorarse, puede ser tan simple a la vez que complejo como hacer reír a alguien y quedarte pillado con su sonrisa, o puede ser tan increíble como andar por la calle distraído y que al levantar la vista del suelo, haya una persona especial mirándote fijamente. Puede ser tan normal como conocer a alguien que con el paso de los días se va ganando un hueco en tu corazón. Incluso podría ser tan complicado como enamorarte de alguien que sabes que te va a hacer daño.

Pero como he dicho antes, es lo que tienen los sentimientos, ninguna palabra llega a describirlos con exactitud, y ya va más allá del significado que una misma palabra pueda tener según de qué persona salga. También va más allá de lo sobrevalorada que esté una palabra u otra. Va más allá de los límites, porque creo que los sentimientos son aquellas sensaciones que siempre están presentes, esas en que las palabras no bastan pero a veces sobra con una mirada para que dos personas se entiendan. Sólo tiene que haber algo. Algo inexplicable.

Y por eso hoy y siempre procuro no etiquetar las cosas, hoy y siempre procuro sentir.

No quiero enamorarme, porque será entonces cuando diré que me he enamorado. Y con eso lo estaré explicando todo. Y no hace falta explicar nada cuando todo lo que tienes que decir no importa, cuando cada mirada y cada suspiro son las únicas explicaciones que puedes dar.

Hoy me enamoré de un atardecer, porque me pareció hermoso, porque fue el final perfecto de otro día.

Hoy me gustó la inmensidad de una mirada, porque me transmitió ternura, porque aquel brillo era mágico.

Pero entonces suspiré al cerrar los ojos y pensar en alguien, y lo supe. No podría explicar nada de lo que me hacía sentir. Cada por qué se quedaba corto, y lo supe. No suspiré porque fuera hermoso, no suspiré porque fuera inteligente, ni porque fuera imposible. Suspiré, y supe que eso no explicaba nada, y me sentí feliz por sentir tan inmensamente.

Luna.

Creo que estoy decepcionando, basta con verme. Tengo un vaso en la mano y me tiembla el cuerpo, miro al cielo y me fijo en una de esas luces entre la oscuridad inmensa. La luna. Me paro a pensar.
Es el astro más importante de la noche y sin embargo, las nubes siguen eclipsándola; sin embargo, una de sus caras nunca se ve, siempre está en penumbra, siempre está escondida del mundo. Yo creo que la luna también se siente sola, creo que la luna también siente que está defraudando a la gente que necesita que su luz alumbre en cuanto la tapa una nube. Creo que la luna también piensa que hay amores que la eclipsan, creo que no se da cuenta de lo que realmente importa, e incluso creo que se siente pequeña al lado de las estrellas, pese a ser más grande que todas ellas.
Creo que sigue presa de todos los deseos que pidió alguien soplando a la luna.
Creo que cuando está creciendo no es que no le de la luz del sol, simplemente que se ausenta para hacer feliz a la gente que pidió deseos realmente importantes.

luna.

Concurso ‘Seré frágil’

http://detras-del-conejoblanco.blogspot.com.es/2015/07/concurso-200-seguidores.html?showComment=1436438910983#c1206319921195033201

¡Hey gente! No os voy a explicar mucho porque en el link de arriba si os interesa está todo explicado seguramente mejor de lo que pueda explicarlo yo nunca. Sólo os diré que participo en el concurso, y me hace mucho ilusión poder optar al libro, puesto que la leí al principo de su publicación en wattpad y me llegó muy dentro…

Os dejo las preguntas y las respuestas que se plantean para la inscripción por si os interesa:

¿Cómo creéis que presenta la literatura las enfermedades mentales?

En mi opinión es una pregunta muy relativa, puesto que la literatura es muy extensa, hay autores o escritores muy variados, entre los cuales están los documentados, y los que lo tratan como si fuera una gripe o quién sabe qué. Pienso que, por suerte, la mayoría de los que escriben sobre una enfermedad mental sea la que sea, tienen un motivo para escribir sobre ella, es decir, o lo han vivido de cerca, o saben de ellas y de su seriedad porque se han documentado, y por ello, creo que las presenta de una forma bastante real, aunque no siempre se puede tratar con la mayor exactitud posible quizá.

(Creo que no me estoy explicando)

Mi idea es que la literatura en general, si presenta las enfermedades mentales, las presenta como las ve el autor, y por ello, es importante que el autor de un texto de la extensión que sea (incluso del tema que sea), se documente previamente sobre lo que escribe. De la forma que sea, pero no escribir cara al público sin saber de qué está hablando, o incluso en este tema, del daño que puede llegar a provocar.

¿Por qué te llama la atención Seré frágil? 

Seré frágil es un libro que desde el momento que Bea lo anunció por ask, me interesó, y que leí en wattpad cuando estuvo publicado.

Independientemente de que me encanta la forma de escribir de Bea y es para mi una chica increíble, y de estar segura de que llegará muy lejos con sus obras, Seré frágil trata de un tema que en ese momento me interesaba mucho conocer y más si era de una mano que lo ha vivido, puesto que una tercera persona en mi vida, recientemente me había dicho que había sufrido anorexia hacía ya un tiempo, y yo no la lograba ver recuperada del todo.

Quería saber cómo se había sentido y qué podría haberla llevado a sufrir ese tipo de tortura, incluso saber si hay alguna forma de ayudarla o hacerla sentir mejor.

El libro en wattpad me ayudó a entender muchas cosas que mi amiga me contaba y que no lograba entender sobre la enfermedad.

 Después de que Bea mandara el libro al concurso y por tanto lo eliminara de wattpad, han ocurrido otros sucesos en gente de mi alrededor que me hace darme cuenta de que ese libro es algo que necesito tener presente para entender muchas de las cosas que a veces olvido, por ello me llama la atención tenerlo en físico.

¿Qué es para ti ser frágil? 

Para mí ser frágil es no sentir. Y puede que sea causa de haber sentido tanto dolor que ya no provoca ningún tipo de reacción en ti, pero yo creo que si no sientes estás roto. Si no sientes tristeza, si no amas, si no te emocionas, si no eres capaz de enfadarte, si no crees en nada… Eres frágil. Eres frágil porque no vives.

He oído mil veces que eres frágil si dejas que el dolor te destroce, pero no creo que ser frágil se limite al dolor. Aunque claro, supongo que hay distintas formas de ver las cosas, y que cada persona será frágil de una forma distinta, y se verá vulnerable frente a cosas distintas.

¿Qué es lo que más te gusta del blog? 

Honestamente, no seguía el blog ni sabía mucho de él hasta que por casualidad encontré un tweet de Bea anunciando el concurso/sorteo y entré.

Así que como no soy de decir mentiras, diré que lo que más me gusta del blog (de momento) es que me esté dando la posibilidad de entrar en un sorteo del libro físico de Seré frágil.

Aunque puede que cuando tenga un ratito me pase por ahí y seguramente encuentre algo que me haga quedarme, me enganche y me entusiasme.

Campanario.

Cuando empecé a oír cada toque de aquel gran campanario que había ahí enfrente y veía cada día por la ventana, me desperecé, y empecé a abrir los ojos, poco a poco, como si me diera miedo ver la realidad… No conté cuantos toques había dado el reloj, pero supe que era tarde, me había pasado todo el día durmiendo, por el simple hecho de no querer ver que el tiempo seguía pasando y ya no estaba él a mi lado.

Puse los pies sobre el suelo, estaba frío, pero no me puse nada cubriéndolos, iba en ropa interior, y al ver la sudadera roja sobre la silla, me la puse, sin prisa, y sentí su suavidad… Luego, andé hasta la ventana, me senté frente a ella y miré de reojo el campanario que me atormentaba. Las dos de la madrugada.

Pero no era eso lo que me dolía, no era la hora y el echo de que me acabara de levantar, sino, que aquel reloj que me miraba fría y desafiantemente, me gritaba como riéndose de mi, porque él ya no estaba a mi lado, y sólo él era dueño del tiempo que había pasado ya sin verle, y me lo marcaba segundo a segundo, y lo peor, porque aquella enorme torre, aquel campanario, había sido testigo de nuestro último abrazo a sus pies. Porque ya no estaba, porque se había ido, y aunque ahora seguramente estaríamos mirando las mismas estrellas, la misma luna alumbrando el paisaje, era cada uno el suyo, su paisaje, y a ambos nos tocaba olvidar, la vista no era la misma, y yo era la oveja negra, pues me había tocado el paisaje esponja, una esponja que había absorbido todos los momentos y recuerdos imaginables… Y ahora, me los escupía a la cara. No podíamos vivir el uno sin el otro, o al menos, yo no podía vivir sin él. Y lo sabíamos. Él, yo, nosotros, vosotros que lo sabéis ahora, el tiempo, nuestras imágenes que miraré ahora sin encontrar ningún consuelo, los pájaros que nos vieron vivir, las flores que cogía para mi, esa sudadera que llevaba puesta, y todos los “Seguiremos hablando, aunque estemos lejos”, que quedaron en el aire…

Me volví fría, reacia a cualquier muestra de cariño, porque ningunos brazos abrazaban como los suyos, porque no había dejado, ni quería dejar, que nadie me abrazara si no era él, porque me hacía más daño tenerlo a miles de kilómetros, que recorrerlos con las rodillas. Y es que lo hubiera hecho. Habría sido capaz si fuera cierto que seguía esperándome.

Querido “él”, tú que me esperarías eternamente, y ya no estás… Aunque duela decirlo, y me pese en el alma, el campanario tenía razón al susurrar cada hora, que sería la única que recordaría siempre. Y es que las palabras se las lleva el viento, pero el recuerdo permanece con el tic-tac.

Historias.

Quise escribir una historia de la que no veía nunca final a pesar de las veces que lo imaginé, quise comerme el mundo, avanzar sobre el agua cual milagro de Dios, quise esconderme en la oscuridad bajo la plena luz del día… Y me perdí, me perdí entre sueños estúpidos de niña inmadura, en imposibles, historias de crias…
Creo que en una de aquellas historias me asfixié, y fue tan real que me quedé sin aliento, dejé de respirar, de sentir, de oír, oler o ver… Dejé de estar viva, y al despertar no vi nada, seguía dejando como ahora las palabras fluir sin necesidad de encontrarle sentido a todo esto, porque determiné que ya nada tiene cordura, ni está cada detalle planificado minuciosamente… Así que por qué no, cortar el cable equivocado en la bomba de la vida, si al fin y al cabo, determinaron que la vida era una improvisación…
Me siento así, así es como avanzo, esta vez no voy de pie, tampoco diría que arrastrándome por el suelo, pero… Avanzo. Al fin y al cabo, es lo que quiero, ¿no?
Creo que en estas semanas que llevo viviendo en esa maldita historia en que me ahogo cada vez que vuelvo a flote, he recordado todas las palabras que me hirieron, y también las que me hicieron feliz… Y he llegado a la conclusión de que necesito que de repente me quieran, que me sorprendan y me saquen de esta rutina, pero esa es otra historia… ¿Por dónde iba? Ah sí… Y en ese vaivén de sensaciones, situaciones, pensamientos y preguntas, me encuentro hoy… Perdida, ahogada, llamando a la puerta de la imaginación, por si es hora ya de dejar los cuentos de crias y empezar con las novelas adultas, de personas cuerdas, si es que eso existe.